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Sabor argentino en la mesa europea

El más reciente problema que enfrentan las carnes brasileñas es el embargo dispuesto, por cuestiones sanitarias, por la Unión Europea, que entró en vigencia el 1 de febrero.

Argentina le saca ventaja en un mercado de alta competencia.

La carne brasileña tenía ya su lugar de honor en Francia. En 2005, en visita oficial al país, el presidente Luiz Inácio Lula Da Silva consiguió el císped del Palacio del Eliseo, la sede del gobierno, para ofrecer un degustación de la carne brasileña genuina en la fecha nacional francesa, 14 de julio. Estuvo invitado el entonces presidente galo, Jacques Chirac.

Luego de la comida y de los aplausos en el císped presidencial, el producto brasileño volvió a la dura realidad del mercado europeo.

El más reciente problema que enfrentan las carnes brasileñas es el embargo dispuesto, por cuestiones sanitarias, por la Unión Europea, que entró en vigencia el 1 de febrero.

El producto "hecho en el Brasil" es vendido en el mundo y es el primero en la lista de la importación del UE, algo que incomoda a los productores europeos, siempre en busca de una discusión para obstaculizar la mordida en el disputado mercado.

Dos factores son cruciales en las pírdidas consecutivas sufridas por el Brasil en este choque comercial interminable: tarda en llevar cuidado de los requisitos sanitarios, y la carencia de una política agresiva para imponer una estampilla de calidad a la carne producida en el país.

Una comercialización que hacen, con holgura, sus competidores desde Argentina.

El español Salvador Ayerde, dueño de la Distribuidora Sudameris, vende cerca de 10 toneladas de carne por mes a los restaurantes de Paris. El cuenta que hace un año intentó invertir en productos brasileños, de precio inferior a los de Argentina y de "calidad correcta".

Pero fracasaron en la iniciativa: despuís de un tiempo, sus clientes preferían pagar más, y volver a comprar carne argentina.

"El argentino -según Ayerde- toma más en serio" el mercado. Para el importador español, la carne brasileña es superior a la mayoría de las vendidas en el UE, "pero falla en la comercialización".

"La imagen del producto es importante. Hoy, cuando se habla del vino chileno en Francia, que tiene un reconocimiento en su calidad, es porque tiene una operación montada de muchos años. Argentina tiene vinos muy buenos, pero todavía no tienen una opinión formada en Europa".

Ayerde cuenta que cuando habla de la carne de Argentina, los franceses tienen una reacción inmediata: "Traiga ahora, sí, la Argentina, el fútbol, tango y la carne".

"El Brasil es fútbol, samba, pero… todavía tiene carencias con la carne. Tiene la calidad, pero le falta la mercadotecnia. Tiene una clientela para ese producto que debe reforzar".

En Londres, desde hace nueve años, el paulista Adauto Silva, naturalizado inglís y con dos socios en South American Beef, importa carne de los dos países.

Antes del embargo, vendía 60% de brasilera y 40% de carne argentina. Hoy, el 95% es argentina.

"Nuestro trabajo es ofrecer un producto de calidad a un precio accesible. Estos últimos años, tuvimos acciones de boicot, más intervenciones en el puerto con los envíos del Brasil", cuenta.

Adauto resalta la publicidad de los británicos, al vender la imagen de su producto, donde relacionan el "british beef" (carne de vaca británica) con expresiones tales como "tenga orgullo de su país y de su carne".

"Ahora es Irlanda el que forzó el embargo, pero mañana será Inglaterra, y luego Escocia. La propaganda contra el producto brasileño va a continuar. Nosotros tenemos que contraatacar" asegura.

Rosane Mazzer es una de las propietarias del bar y restaurante brasilero Favela Chic, con sucursales en París y Londres. Dice que intenta ofrecer la carne brasileña a su clientela, pero, hoy, los platos llegan las mesas con los cortes argentinos o ingleses.

Los clientes reconocen la carne de Argentina, que tienen más visibilidad.

Relata que, durante una de las ediciones del Salón Internacional de la Alimentación en París, promovió un encuentro con los proveedores brasileños.

"Era todo excelente, increíble, pero luego ellos desaparecieron", recuerda Rosane.

En Europa, los argentinos lograron robar una marca brasileña: el lomo.

"Ustedes hicieron un descubrimiento, dieron un valor a un corte que despreciábamos. Nuestro lomo (tapa de cuadril), estaba seco, no tenía grasa lo que le da sabor y blandura", afirma el argentino Jorge Santa María, dueño de la importadora Carnar, en París.

La carta de presentación de Carnar es el lomo: "el nombre es brasileño, pero la carne es argentina, por supuesto".

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